Nativos, náufragos y visionarios digitales

En el instituto de secundaria donde trabajo hemos implementado durante el curso pasado (y continuará este nuevo curso) un sistema de enseñanza basado en Internet.
Razones para abandonar el libro de texto:
1. Salud. ¿Cómo puede permitirse que un niño de 12 años cargue diariamente mochillas que pesan más que la de cualquier alpinista?
2. Sostenibilidad. ¿Por qué multiplicar el consumo de papel cuando puede accederse al material desde Internet?
3. Economía. ¿Por qué gastar cada alumno 100, 200 euros o más en libros de texto?
4. Pedagogía. El profesor crea su propio material, asumiendo su rol de maestro dinámico en vez del de repetidor mecánico de contenidos y ejercicios ajenos.
5. Actualización. El material se adapta a las noticias (ejemplos vivos) que pueda generar la actualidad.
6. Personalización. El material se adapta al nivel, intereses y contexto del grupo
7. Transparencia. Los padres y cualquier persona puede seguir el proceso educativo, que se muestra abierto en la web.
8. Multimedia. Fotos, canciones y vídeos
9. Interactividad. Feedback diario del material y actividades.
Etc

Hemos usado el formato blog (WordPress.com) como soporte de publicación y relación, completado con otro tipo de recursos (Google Docs, Google Groups, ejercicios en línea…) y tenemos proyectado acercarnos a Moodle como plataforma educativa.
Nuestra valoración (hemos participado tres profesores del ámbito lingüístico, coordinados en forma de reuniones semanales y actividades programadas conjuntamente) ha sido más positiva que la que han manifestado algunos alumnos y sus familias, entre los que hay división de opiniones. Lo que para los profesores con ganas e ideas puede resultar una aventura mucho más atractiva que la rutinaria clase de lo que toca hoy, para según que alumnos y papás se convirtió en un reto excesivo.

Aclaro que todos disponían en casa (o en alguna de ellas: es frecuente el caso de padres separados) de conexión a Internet, que los alumnos (12-13 años) se movían con familiaridad en Internet, y que en aula disponíamos de 10 ordenadores conectados y un proyector que permitía consultas comunes a gran pantalla.
Sin embargo, se evidenció desde el principio una brecha entre unos alumnos verdaderamente nativos digitales y otros analfabetos funcionales digitales. Para los primeros el aprendizaje de habilidades como subir fotos a Flickr, guardar un enlace en Delicious, abrir y gestionar un blog, añadir subtítulos a un vídeo de YouTube, crear un PowerPoint, moverse a través de Google Maps o Google Earth.. eran pan comido que devoraban con fruición, mientras que para los segundos suponía un esfuerzo agotador y frustrante.

Todos tenían cuenta de correo (la mayoría, Hotmail) que gestionan sin problemas, todos chatean y usan móvil, y casi todos tienen cuenta en Facebook o Tuenti. Pero esto no los convierte en usuarios activos de la red. Son consumidores de acuerdo al esquema pasivo de espectadores televisivos, que limita la interacción al manejo del mando a distancia y poco más. Para ellos, la experiencia en la red es inmediatista, no exige entrenamiento y está acotada al ocio. Y lo que salga de este perímetro suena a fastidioso.

Después está el burocratismo del propio sistema escolar, alérgico a cambios, sorpresas y propuestas abiertas. Aquí no hay caminos ni se hace camino al andar, sólo metas. Y valen todas las trampas y atajos para conseguir aprobar.
Internet es demasiado grande para orientarse en un viaje académico que se parece demasiado a los viajes organizados donde el cliente no tiene que elegir ni se interesa por lo que hay fuera de la ruta comprada.
Normal que algunos alumnos y papás sintiesen el vacío de no contar con un libro de texto, este lazarillo que refuerza la falsa confianza que proporciona saber qué-toca-hoy a lo largo de todo el curso.

Por todo esto, soy pesimista sobre la introducción de ultraportátiles en el aula. Hablo de mi aula, de las aulas de institutos públicos españoles. Regalar un ordenador me parece un gesto gratuito y hasta absurdo, típico de una mala comprensión del estado del bienestar.
En primer lugar, la mayoría de aulas no tienen el nivel de civismo que requiere el uso sistemático de un dispositivo electrónico. No deja de ser interesante que la administración no publique las otras cifras del fracaso escolar: me refiero a amonestaciones, expulsiones de aula o centro, retrasos y faltas de asistencia. Son realmente escandalosas.
En segundo lugar, la mayoría de alumnos no son nativos digitales sino muy superficialmente. Es necesario un plan previo de entrenamiento, que garantice que se aprovechará el ordenador en el aula en vez de convertirse en foco de problemas y conflictos (“me lo he dejado en casa”, “me lo han robado”, “se me ha caído y no funciona”, “se acabó la batería”, “no arranca”…)
En tercer lugar, la mayoría de profesores son adigitales. ¿Cómo podrán liderar en el aula una forma de aprendizaje que les resulta extraña y hasta incómoda?

(Variaciones personales sobre un tema que daría para mucho más, a partir de la lectura de ¿Nativos o náufragos digitales? Actitudes y competencias)

Publicado en ddg

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