Alumnos agradecidos

Me los encuentro por la calle, ya en plenas vacaciones suyas. Uno habla desde su bici con el otro, ambos en actitud relajada, indolente.
Los reconozco desde lejos. Cuántas horas y horas discutiendo con ellos, riñéndolos, haciéndoles callar, obligándoles a aceptar las normas o simplemente a acabar un ejercicio, persuadiéndolos de un futuro con el graduado en el bolsillo. Cuántos días neutralizando su insumisión, siguiéndoles la pista por los pasillos.
Paso a su lado y ni me miran. No se inmutan. Continúan su conversación relajada, indolente. Más adelante, me adelantan con lentitud en sus bicis mientras yo sigo caminando.
No me saludan, no se giran para dejar caer una gracia. No me insultan, tal vez porque está en sus planes volver a matricularse el pŕoximo septiembre.
Alumnos pasotas, indiferentes, ajenos al sinsentido del sistema. Reyes de su tiempo, generosos en la calle cuando me divisan y me perdonan la vida, relajados, indolentes.

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