Institutos bomberos

La parafernalia burocrática que debe asumir un equipo directivo de cualquier IES es tal y tan ajena a la realidad cotidiana, que tiene que responder necesariamente a un objetivo de este sistema escolar nuestro. Los IES deben cumplimentar el DOC, el ROI o ROF, el Proyecto Educativo, el Plan de Acción Tutorial, el Plan General Anual, el Proyecto Lingüístico y cinco o seis documentos más, la mayoría de los cuales deben ser tramitados por vía parlamentaria (Consejo Escolar, Comisión Pedagógica, Claustro…)

Esta superestructura legalista que ahoga a los centros públicos me recuerda la dinámica política de la democracia formal. Como si los partidos, sindicalistas y demás protagonistas externos del sistema escolar hubiesen querido trasvasarle sus métodos. Los centros escolares funcionan como si fuesen Parlamentos, asambleas, Gobiernos.
Con una diferencia: los Gobiernos se dedican a legislar, discutir, negociar o confabular, mientras que los institutos se dedican a escolarizar una población vivísima y conflictiva que plantea sus propias exigencias.

La asfixiante capa burocrática que envuelve los institutos es una estrategia de la Administración para desentenderse de los problemas reales que generan. La Administración envía papeles y exige papeles, estadísticas, informes, actas: una forma de acotar su vía de conocimiento y contacto: no quiere saber nada de lo que pasa en las aulas o en los pasillos.

En realidad, los colegios e institutos deberían basar sus principios de funcionamientos en colectivos que nada tienen que ver con el asamblearismo político y legalista. Por ejemplo, mejorarrían notablemente su rendimiento si se fijasen en cómo funcionan los equipos deportivos (entreno, control, exigencia, compromiso de grupo, jerarquía, castigo, “resultadismo”) o el cuerpo de bomberos (siempre atentos porque en cualquier momento hay que reaccionar ante una urgencia que quema)

Así nos va. Los directores generales e inspectores discuten, se reúnen y tramitan papeleo, mientras los profesores sobreviven en las aulas: un divorcio patético.

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Una respuesta

  1. Todo correcto.Pero no nos olvidemos que el Director y el equi-
    po directivo que lo acompaña son de alguna manera la prolon-
    gación de la administración.Mi director,que es fantástico,ja-
    más se sometió a un refrendo en el claustro.Y hace bien.
    Y hace bien por una sencilla razón:es cierto que la adminis-
    tración deja mucho que desear pero no lo es menos que como
    colectivo somos una banda.Y el enemigo lo tenemos en casa.
    Hay un número, más elevado de lo deseable,de profesores que
    se mueven permanentemente “pisando la raya”.En “zona de nadie”.”Ni una mala palabra ni una buena acción”.Cuidándose
    mucho para que no le puedan “meter un puro”.Eso sí,sin “rascar” bola durante todo el año,durante toda su vida.
    Por supuesto aprobando a todos,con buenas notas por supues-
    to.Como consecuencia los alumnos le han perdido toda consi-
    deración y respeto y…una vez más el Sr.Director obligado
    a apagar los incendios que organizan.Y así año tras año…
    La inspección educativa sabe perfectamente quienes son y
    el número pero…..¡Ahhhhhhhhhhhh!.Con los sindicatos hemos
    topado.Así algún amigo sindicalista confiesa a veces:”tene-
    mos que defender a alguno/a con el dedo en la nariz,de ver-
    güenza ajena…”.
    Sé que todo esto es “politicamente incorrecto” pero todos
    sabemos que es la pura verdad.Por supuesto que hay muchos
    y brillantes profesionales.Pero estos no hacen ruido.
    Seguiremos….

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