El fracaso escolar es una coartada

Tautología: hay fracaso escolar porque nadie está suficientemente interesado en acabar con el fracaso escolar.

Los padres, porque supone un plus de seguimiento y exigencia que no saben cómo aplicar. O porque no tienen tiempo o energía para intentarlo de forma continuada. Prefieren el fracaso genérico de una rendición previa, al fracaso concreto que supondría no haber conseguido reorientar a sus hijos.

Los alumnos, por razones obvias: la ley del mínimo esfuerzo, en un contexto lúdico saturado de estímulos consumistas que invitan a la indolencia.

Los profesores, porque tendrían que actuar de forma solidaria, como un verdadero colectivo y un objetivo tan desgastador como es obligar al alumnado a que cumpla sus obligaciones. Laisser faire, laisser passer

La Administración, porque elude sus compromisos. No sanciona a los profesores incompetentes ni toma medidas contra los alumnos díscolos o absentistas.

El paisaje resultante es un pacto de silencio sobre las responsabilidades no asumidas. Una mezcla de picaresca y burocracia se esconde bajo falsos debates: plazas escolares, educación para la ciudadanía, mapa escolar, calendarios, libros de texto…

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