La imposible diversidad

Uno de los cambios más bonitos que ha experimentado el corpus teórico de la pedagogía es el que la ha llevado a reivindicar la diversidad. Respeto de la diversidad, atención a la diversidad.
Asignaturas optativas, créditos de libre configuración, itinerarios, horarios flexibles.

Seguramente el triunfo definitivo y grosero del individualismo en el actual neocapitalismo liberal tenga que ver. Adiós al uniforme, a los planes de estudios universales, al eurocentrismo, al libro de texto, a aquella sociedad puritana que se esctructuraba de acuerdo a patrones militares en la empresa y la familia.

Hoy todo tiende a ser líquido y cambiante. Trabajo temporal, empleo precario, deslocalización, fluctuación de los valores bursátiles, divorcio, migraciones. Derechos de las minorías raciales, por no hablar de los valores femeninos o la identidad homosexual. Libertad religiosa, fusión de estilos artisticos, mestizaje.
Una economía que se redefine constantemente (sube y baja el Euribor, cierran y se abren empresas, las acciones suben y bajan, el personal se recicla) no admite dogmas, soluciones cerradas, el peso de la tradición.
El respeto a la diversidad es la consecuencia cultural de este frenesí financiero que no acepta condiciones previas ni soluciones únicas.

Pero, justamente en esta época de intercambio y crisis, los uniformes escolares mantienen su aroma de estatus: recuperan su valor de cambio. Son más que nunca iconos clasistas.
En realidad, por debajo de la palabrería didáctica que abraza la diversidad, el sistema escolar sigue siendo una maquinaria estándar y burocratizada.
Al final lo único sagrado es la nota. Sobre el examen (clásico o modernillo, da igual) y la nota gira toda la negociación entre los protagonistas y toda la fiscalización por parte de su entorno.

El aula continúa siendo espacio privado, el misterio inaccesible. Lo público es la nota, la calificación: la concreción que tocan y ven los papás e inspectores.
En la práctica, la escuela funciona de acuerdo al esquema militar prusiano con que se organizaban las empresas exitosas del siglo XX.

Misterio y paradoja: cuando la empresa y la familia se han vuelto versátiles y cambiantes, la escuela se torna única o se aferra al principio de autoridad más clásico.
Se diría que los dos únicos principios de diversidad que triunfan en el sistema escolar son dos:
1. La diversidad racial y lingüsitica o cultural debida a un factor exógeno y ajeno como es la inmigración.
2. El individualismo de los profesores. El de toda la vida: “cada maestrillo, su librillo”.

Anuncios

There are no comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: