la solución finlandesa

Es común referirse a Finlandia como esperanza de salvación. Mito al fin y al cabo porque nadie ha vivido en Finlandia como para contarlo sin que sea de oídas o leídas; a lo más, algún amigo de una amiga de otro colegio o instituto que estuvo unos días con un Comenius visitando unas cuantas aulas entre excursión y visita a la ciudad.
Finlandia, el Santo Grial que pocos nos molestamos en conocer ni investigar, seguro que porque en el fondo sabemos que allá no es acá. No sólo es que no somos finlandeses, es que nuestra vida debe tener muy poco que ver con la suya. Ni el clima, ni la comida. Por no hablar de la lengua: el finlandés ni siquiera es indoeuropeo.
Finlandia, un país extraterrestre. Una coartada casi perfecta: nos anima a no tirar la toalla sin obligarnos a ningún compromiso. Incluso nos alivia: en realidad, no cambiaríamos su éxito escolar por nuestra sangría o nuestra siesta o nuestros largos días de luz mediterránea en los que divagar sobre cómo arreglar el mundo.

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